La hembra del bus

Me encontraba tranquilo, acababa de celebrar mi quincuagésimo segundo cumpleaños en medio de una conferencia, en la que había presentado un par de mis trabajos más recientes. Me sentía bien, cincuenta y dos y con un discreto éxito académico, lo que siempre había querido. Estaba algo cansado y comenzaba el regreso a casa, los vuelos estaban abarrotados y eso me obligó a tomar un bus para llevar a cabo el viaje de diez y seis horas entre POZ y V. Afortunadamente el bus era amplio lo que me iba a permitir un viaje no tan incómodo, lo abordé casi en el último momento y noté que el acondicionador de ambiente estaba al máximo, garantizando aquello que la temperatura iba a ser agradable, sobre todo porque llevaba en mi mano la única chaqueta de mi guardarropa. Los académicos gozamos de la gran ventaja de poder vestir con comodidad, usualmente uso pantalones de caqui, típicamente unos Dockers, y una franela La Coste, a veces de mangas largas, muy de vez en cuando uso una chaqueta de pana o tweed y casi nunca una corbata, a veces me veo obligado por las circunstancias a llevar traje y eso me resulta abominable. Me habían conferido un asiento adjunto al que usaba un individuo alto y de tal sobrepeso que ocupaba parcialmente el espacio que se me había asignado, nervioso ante la idea de un viaje con el cuerpo apretujado busqué con la mirada a ver si había algún otro lugar. Noté que el asiento contiguo a uno ocupado por una chica estaba libre, llamé su atención con un ademán, señalé el puesto y me deshice en excusas para que la muchacha me permitiera ocuparlo. Ella era muy joven, unos treinta años como máximo, menuda, morena, extremadamente atractiva, de sonrisa encantadora y ademanes afables. Usaba un vestido corto que dejaba ver unas piernas exquisitamente torneadas y unas sandalias que, dejandolos casi desnudos, mostraban unos hermosos piés. La chica excito todos mis sentidos, no pude menos que notar que el frío la hacía tiritar un poco y no desaproveché la ventana de oportunidad para acercarme a ella, le ofrecí mi chaqueta de la manera más comedida haciendo un esfuerzo porque ella no notara que sus piernas, pies y aquellos suaves hombros -que invitaban a los más deliciosos placeres- capturaban totalmente mis miradas. La chica, de nombre Ivana, resultó ser una agradable conversadora, su sonrisa era notable, mucho más que hermosa y coqueta, era seductora.

Ya habíamos viajado un buen rato, la noche se había cerrado enteramente y la película estaba por terminar. Ivana me preguntó si el frío me molestaba, la poca iluminación de la pantalla del monitor me dejaba ver sus piernas y me concentraba en capturar la imagen de sus pies, eran deliciosos, invitaban a ser acariciados, besados, lamidos, poseídos. En medio de la conversación -que jamás tuvo un silencio incómodo- le comenté que temía que mi chaqueta no fuera suficiente para librarla del frío, justo en ese momento el chofer del bus apagó los monitores y quedamos sumidos en una oscuridad cómplice, Ivana me preguntó que si por haberle entregado mi chaqueta no estaba incómodo por el frío y negué tal cosa acercándome un tanto a ella. Repentína y sorpresivamente Ivana se me adelantó, me dijo que el frío la molestaba y tomó una de mis manos llevándola a sus piernas para dejarme sentir su piel de gallina, el ardid me dejó atónito, el tacto me cortó el resuello provocándome una erección instantánea, ella había maniobrado de tal suerte que mi rostro estaba casi en su pecho, yo sentía el olor y el calor de la piel de la hembra -de repente el viaje se había tornado extremadamente interesante. Antes de que pudiera reaccionar aquella niña tomó mi mano de nuevo y retirándola de su pierna la llevó a su pecho dejándome sentir que no llevaba brassiere, sus pezones estaban duros, tiesos, los senos eran turgentes, cónicos, perfectos. Metí la mano en el vestido para poder palpar la piel directamente, Ivana tembló, más ahora no era el frío sino la excitación la que provocaba los estremecimietos. La adrenalina elevaba nuestros pulsos, mi acaloramiento era tal que era como haber saltado en paracaídas, mi erección era cada vez más tiesa y el deseo de enterrarme en aquella hembra era casi insoportable. El hecho de que Ivana hubiera iniciado me calentaba aún más que su cuerpo lleno de curvas y su evidente deseo. Consecuentemente decidí dominarme para entregarme de entero a su juego

Ivana llevó su mano a mi entrepierna, tocaba el pantalón, lo suave de la tela le permitió atenazar el miembro para explorarlo con atención; su rostro expresaba gusto, recorría el miembro de arriba a abajo, sin dudar bajó el zipper y sacó la polla para inspeccionarla, se inclinaba un poco para ver en la penumbra y complementaba su investigación palpándo con las manos. Desde hacía rato, mi naturaleza se había manifestado, mis fetiches por los hombros y los pies habían hecho su labor y la erección había ido aumentado de tamaño y rigidez hasta casi dolerme. Mi pene estaba preparado, tieso y muy lubricado, empapado a tal punto que las secreciones amenazaban traspasar el calzoncillo y manchar el pantalón, evidentemente la exploración de Ivana la hizo notar los humores que manaban de mi miembro y acercando su rostro, comenzó a toquetearlo limpiándolo con la lengua. Al cabo de pocos instantes lo tomó definitivamente en la boca, la chica hacía el recorrido de cabeza a base y de vuelta una y otra vez. Yo estaba extático, de vez en cuando Ivana sacaba el falo por completo y lamía mi bajo vientre mientras magreaba la verga seductoramente, al llevarlo de regreso a la boca agarraba los cojones sopesándolos, pocas veces había visto a una mujer mamar con tal deseo, parecía que la mera chupada la iba a hacer acabar. El ritmo que Ivana imprimía a sus caricias era lento provocando oleadas de placer que me embravecían: copartícipes en aquel ritual sexual, ambos manteníamos un profundo silencio que era interrumpido solamente por el sonido de los fluidos al ser chupados por el vacío.

Yo miraba mamar a esa hembra la disfrutaba con la vista a pesar de la oscuridad. Su vestido, muy corto, había revelado algo, no llevaba slip, palpé sus nalgas y me acerqué a su rostro para decirle al oído cuán bello era su trasero. Comencé a acariciarlo con una mano y poco a poco me aproximé al sexo perfectamente depilado, al llegar allí tomé su flujo con mis dedos y lo llevé a mi boca para probarlo, era dulce como la miel y tuve que comentárselo. Volví a mojar mis dedos en aquella melaza para lubricarlos y aplicarlos directamente al clítoris de Ivana, ella reacionó temblando y tragando mi polla con más fuerza y a mayor profundidad, gemía y trataba de cubrir el ruido con la tranca que le llenaba el gaznate. El clítoris de Ivana era exquisito, apenas cubierto por el capuchón estaba erecto y se distinguía claramente al tacto, lo acariciaba con delicadeza y a veces lo abandonaba para ir a sus labios vginales o entrar en aquella raja que rezumaba líquidos cada vez en mayor cantidad. Me dí perfecta cuenta de qe Ivana quería ser dominante en nuestro relación y no me esforcé en hacerla venir, al contrario, me relajé un poco para dejarla hacer. La mamada era deliciosa, las ganas de aquella mujer hubieran sido suficientes para enloquecer al más avezado de los fornicadores pero ella era más que solo ganas, sabía como hacerlo, reconocía los puntos sensibles de mi pene y se aplicaba como una estudiante de primera en un examen final. La mamada continuó por un buen rato y ella mostraba a las claras que no quería que acabara nunca, de repente mis piernas comenzaron a tensarse, mi vientre también, un tremendo impùlso eléctrico enloquecedor subió por mi espina y el derrame de leche comenzó con violentas contracciones que alcanzaban involucraban el ano y la vejiga, mis bolas se retrajeron en mi cuerpo todas estas sensaciones físicas eran acompañadas por oleadas de placer que llegaban de mi cuero cabelludo hasta mis mis pies. La eyaculación fue deliciosa, pocas veces había sentido un orgasmo como ese. Ivana trató de tragar toda la leche, pero era tal el volumen expelido que no le fue posible y hubo un derrame exterior, ella recogió todo con su boca y no dejó ni una gota, se relamió los labios para asegurarse de que no se desperdiciara nada y acercándose con un lindo mohín me agradeció la lechita caliente que la iba a ayudar a conciliar el sueño. Al fin se separo de mi, la cubrí de nuevo con la chaqueta y dejé que se durmiera.

Había pasado un buen rato, yo había quedado totalmente sorprendido ante la deliciosa experiencia que me había ocurrido y no conciliaba el sueño, afortunadamente portaba mi pequeña tablet Galaxy 8.5 y eso me permitió distraerme un poco, abrí un libro en pdf, el primer volumen de la historia de la segunda guerra mundial de Churchill, ¨The Gathering Storm¨, sonreía pensando en las bondades de la piratería y eso me relajaba. El cuerpo de Ivana estaba a mi lado, el olor de su sexo llenaba mi olfato y mi deseo iba en aumento. Quería devolverle la amabilidad, entre la primera fase de la guerra, la hermosa redacción de Churchill, que le mereció un premio Nobel de literatura, la tablet y demás pensamientos conseguí aclararme y diseñé un plan que iba a poner en práctica aprovechando la amplitud del autobús.

Poco a poco induje a Ivana a moverse, logré que su espalda quedará bien recostada en el espaldar de la poltrona reclinable y me arrodillé frente a ella. Aprovechando la iluminación de la pantalla examiné en detalle sus piernas, la musculatura era firme y el porcentaje de grasa corporal lograba el efecto de ocultar la rodillas, la forma de aquellas piernas era, como dicen es España, acojonante, pocas veces habìa visto algo así, las pantorrillas eran sumamente hermosas y terminaban en unos tobillos de proporciones exquisitas. Los piés de Ivana ya estaban desnudos, estaban perfectamente arreglados y su suavidad era la del satén. Entre más los miraba más deseaba devolver el regalo del orgasmo a mi reciente amante. Decidí comenzar mi ataque

Aproveché que las piernas de Ivana estaban entornadas para comenzar a lamer el coño delicioso de labios entreabiertos que tenía ante mi. El sabor era dulce, los labios ganaron espesor al llenarse de sangre y los labios menores crecieron en mi boca. Ivana continuaba dormida, ese conocimiento acentuaba mi excitación. Debo decir que para mi, las vaginas constituyen más que un vicio, una necesidad, necesito lamerlas, saborearlas, aprender de la personalidad de cada una. Pasar un par de días sin mamar a una mujer me es doloroso, así que es fácil imaginar lo que sentía al tener la más divina de las vulvas a mi plena disposición. Yo lamía de arriba a bajo, sin prisa, me detenía en cada pliegue porque, el sueño de mi amante me liberaba de las demandas usuales ¨aquí¨, ¨chupa allí¨, ¨dame ahí con la lengua, siii¨ permitiéndome adueñarme de lo que yo quisiera. De vez en cuando penetraba la raja lo más dentro posible con la lengua. Tomaba el capuchón con los dedos y lo abría descubriendo el clítoris para dejarle a merced de mis lengüetazos intensificando su erección. Ivana despertó al fin y premiando los esfuerzos en complacerla abrió sus piernas ofreciéndome enteramente la flor de su placer, hundí mis dedos en la vagina buscando el punto G, sabía que la excitación de Ivana ya había activado la excitabilidad del área y no quería ahorrarle ningún placer. Con mi mano libre bajé la parte alta del vestido para pellizcar sus pezones y masajear sus senos, como esperaba, los pezones estaban muy parados y las tetas turgentes, llenas, excitadas. Ivana era sabia y flexible, bajó su torso para que alcanzar mi verga con uno de sus piecitos, yo solté la correa y le dí libre acceso para que palpara la polla, ella abusó y lo sacó para masajearlo y practicarme un foot job. Semejante agresión superó mi resistencia, no pude más. Me volví a sentar en mi silla, levanté con las manos a mi menuda amiga y la senté sobre la cabeza del pene para sembrárselo de un empujón. El canal vaginal apretaba y yo movía el pequeño cuerpo de mi amante de arriba abajo para masajearla muy bien por dentro. Yo empujaba a fondo y me aseguraba de golpear contra su punto A, ella temblaba, aproveché que había bajado un poco su vestido para lamer sus pezones alternadamente y le metí un par de dedos en el culo.

Los temblores de Ivana evidenciaban una serie de orgasmos muy seguidos y yo me esforzaba para que no se detuvieran, bombeaba duro y la levantaba para soltarla sobre la verga asegurándome de que en cada embate el glande golpeara la cervix. Intensifiqué la penetración doble insertando un tercer dedo enel ano, sentía que no podría contenerme mucho más pero me esforcé en luchar contra la venida, usé mis conocimientos de Tao y logré un primer orgasmo seco, continúe los bombazos obteniendo de Ivana mayor respuesta y me deje ir, la leche salió a chorros. El volumen de esta eyaculación fue mayor que el que le había entregado a mi amante más temprano, durante su mamada. Ivana se vino en un último y más fuerte orgasmo cuyas contracciones exprimieron de mi polla hasta la última gota de leche. Temblé, pero allí no terminó todo, dí un último golpe a su punto A, tan fuerte que desaté su eyaculación y fue abundante. Los líquidos de Ivana se mezclaron con los míos y los estremecimientos de los cuerpos eran pobres sustitutos de los gritos que queríamos lanzar. Ivana se relajó y me pidió que la limpiara, lamí todo, flujo, leche, lubricante, no deje ni una gota, ella me sonrió muy relajada.

Mirando a Ivana a los ojos le dije que estaba disfrutaba mucho del viaje y ella me respondió que aún quedaban muchas horas de camino.

Fuentes:
http://www.pamoya.com
http://www.dossiersurendettement.org
http://www.corsages-boutonnieres.com

El viejo banquero me estaba subiendo el colesterol

Siendo fiel a sus palabras nuestro viejo vecino, Valentín, el jubilado banquero para que ustedes lo reconozcan, había cumplido con creces sus visitas a mi casa, y con una asiduidad de varios días por semana, me estaba complaciendo de lo lindo.

Había bajado algunas mañanas, y estas aunque algo mas escaso de tiempo por su parte, había hecho de las visitas unos polvos geniales, pues aunque él era de comienzos con besos y caricias delicadas,, la confianza tomada le había hecho tomarme, en cualquier sitio de la casa, y lo cierto es que había dado cuenta de mi, en el pasillo, sobre el sofá, sobre la encimera de la cocina, en una silla, sobre la alfombra, en el baño e incluso apoyado sobre la puerta de la entrada, donde allí tuvo que hacer callar mi boca con su mano para no alertar a los demás vecinos del rellano de tremenda cogida que me dio esa mañana.

Pero la que le voy a contar es la de una tarde que bajo y en la que aun no había llegado Paco, tomamos café y yo con mi habitual deseo, me apresure a que pusiera el la crema, y con un juego erótico, comencé a calentarlo diciendo que necesitaba su leche en mi café, pues esa tarde estaba con sed. Con su habitual calma se desvistió mostrándome todo su arsenal sentado en el sofá, pidiéndome que acercara la taza y le tomara unas gotitas, pero solo unas pocas, pues esperaba esta tarde derramarla en otro sitio.

Le abrí la camisa para acariciar su pectoral peludo, que era mi pasión, y así comenzar a calentarlo, tome la cámara de fotos y saque alguna instantánea del tremendo falo, que aquella tarde lucia duro como una roca, mientras mi lengua ya recorría toda la cabeza de aquella tranca inmensa. Le hacia pegar algunos respingos con mi sabia comida y mis masajes a aquellas gordas y peludas pelotas que ardían de pasión, llenas de aquel jugoso liquido que yo ansiaba.

Me dejo el momentáneamente tomar la iniciativa, aunque sus manos eso si, jugaban con mis pezones y cuando tenían cerca mi conejo, también con su interior, donde sus sabios dedos me hacían cerrar los ojos cuando se retorcían dentro de mi.

Conseguí calentarlo y ponerlo como un semental en celo, y aunque me pidió que me sentara sobre el, yo desistí y le dije que quería primero su nata en la taza, comenzando mas fuerte mi comida para que no tardara en soltar aquella leche que yo adoraba.

MI mano bajaba y subía por aquella columna , mas propia de un templo romano por tan tremendo grosor, mientras mi boca succionaba como podía su enorme glande, haciéndole que se recostara hacia atrás por el placer que recibía… me aviso que no tardaría mucho si seguía con esa sabia comida, y por ello acelere mi acoso, comenzando aquella maquina lechera a soltar su rica nata con una fuerza que casi me atraganta, retirando rápidamente mi boca tras recibir la primera descarga para derramar dentro de la taza las segunda remesa de ráfagas,

A penas podía dirigir aquel monstruo desbocado lanzando fuego por la boca, pero logre que en la minúscula taza, pues esta parecía de juguete al lado de aquel falo, cayeran varios chorros, adornando mi café con su rica nata cremosa, que después de calmar aquel semental, me tomaría.

Fue una corrida tremenda, pues la cantidad me dejo asustada, pero aquel macho ibérico, era así de espectacular siempre en sus corridas, y a mi me encantaba.

Me tome el café viendo como el me miraba riéndose mientras se recuperaba, pero èl ando rápidamente a jugar con mi conejito que estaba como una flor abierto del calor que tenia.

Era un experto el también en el arte de comer, y doy fe de ello con una corrida tremenda que me hizo tener en cinco minutos, mientras sus dedos pellizcaban mis duros pezones y su lengua no cesaba de jugar con mi clítoris y los labios de mi mojado sexo, bajo igualmente a mi ano, que abría con los dedos e introducía igualmente su sabio miembro bucal, haciéndome levantar las caderas del placer que me daba.

No nos dimos cuenta de la presencia de Paco, pues este había entrado y estaba mirándonos desde la entrada del salón, diciendo ! ya empezaron sin mi!!, sigan que yo me uno enseguida.

Lo miramos como se quitaba los pantalones y vi que mi esposo tenía el rabo como un toro, pues seguramente estaba viéndonos ya un rato, lo movía como amenazando una penetración, y se acercó a nuestro lado. Valentín le dijo, llegas un poco tarde pero esto acaba de comenzar, ya tu mujer tomo una ración de jugosa leche, y creo que quiere más, así que dale un poco mientras sigo comiendo su precioso conejito que pide a gritos lo devoren.

Paco sorprendentemente le dijo, espera sigue que quiero yo un poco de barra de esa que tienes tu, que vengo deseosos de comer un poco de rabo, y tras agacharse se puso a comerle el morcillón pollon que colgaba junto a los enormes huevos, tras la suelta de su primera corrida.

Yo fui a tomar el rabo de Paco con la mano para que este mientras recibiera alguna caricia, pero fue Valentín el que con su gran mano lo agarro y comenzó a pajearlo, mientras seguía comiendo mi conejo.

Estábamos en un trio digno de ver, yo de espectadora de lujo viendo como mi marido le comía el rabo a mi viejo vecino, y él mientras lo pajeaba con dulzura con sus dedos y mano, esto me hizo llegar sin darme cuenta a otro tremendo orgasmo que casi ahogo a ese devorador de conejos, pues le aprisione la cara contra mi al llegar a mi punto de climas máximo.

Cuando se libero, miro a Paco y le dijo, dale caña a tu esposa que esta ardiendo ya, pasando a colocarme sobre el rabo de Paco que me introduje con facilidad dejándome caer sobre su pecho a la vez que lo besaba, degustando sus labios con sabor a rabo que acababa de comer.

MI trasero quedo peligrosamente en pompa, ofreciendo mi puerta trasera a este semental ibérico, que rápidamente me tomo, no dejando lugar a que yo me arrepintiera de haber caído en aquella inocente postura, y con su sabia lengua nuevamente y sus gruesos dedos, comenzó a dilatarlo mientras yo con suave monta cabalgaba sobre la dura estaca de Paco.

Paco me estaba haciendo gozar como una loba, y no menos Valentín por detrás, pasando a un estado casi de medio trance, por tanto gozo y placer que recibía.

Pero este estado se vio repentinamente turbado, cuando sin apenas aviso, recibí una estocada de las que dejan marcas con el final de la espada, pues viendo la dilatación que tenia mi ano, Valentín me introdujo de golpe su enorme rabo.

Grite pero fue amortiguado rápidamente por la boca de Paco que veía venir lo que me esperaba, y sujetando fuerte mi cabeza me beso, mientras el viejo me estaba cabalgando con energía ahora, sentía como chocaban sus huevos contra mi y el rabo de mi esposos, que apenas se movía, aunque no hacia falta pues la fuerza de los impulsos de la monta del viejo, hacia que su polla entrara y saliera dentro de mi como un resorte.

El dolor de esos primeros envites, fue tremendo, pues el grosor de aquello me hacia abrirme en dos, pero pronto paso a goce y este a mas placer y mas placer , haciéndome tener el orgasmo de la tarde, pues fue como si me corriera doblemente por dos sitios, era como un orgasmos duplicado que me hizo llorar de placer.

Valentín seguía montándome por detrás con su cuerpo apoyado al mio, frotaba su pecho peludo por mi espalda, sus manos apoyadas al sofá, le hacían aguantar su peso y le permitían seguir golpeando fuerte, cuando mi esposo aviso que no aguantaba mas y se corría.

Comenzó Paco a llenarme mi conejo de sus caliente jugos, mientras al oído, el viejo banquero me susurraba palabras calientes que yo apenas entendía, pues mi estado era de tal trance que apenas podía atender otros sentidos.

Pero tras la tremenda corrida de mi esposo, este alentado por nuestros gemidos, acelero su ritmo y con dos golpes secos que casi me hacen doblar la cabeza, comenzó a vomitar leche caliente por aquel misil, dentro de mi puerto trasero, golpeaba y golpeaba a la vez que seguía sacando nata, y tras un medio minuto glorioso, ceso, bajando el ritmo y apoyándose sombre mi espalda, con su agitada respiración.

Note el sudor de su pecho sobre mi espalda, y sus gemidos eran de haber tenido un placer inmenso, yo fui a reprocharle que no me había avisado por aquella penetración trasera, pero lo pensé mejor, y mas viendo lo que había disfrutado, lo deje ir, esperando que aquel coloso saliera de dentro de mi, para poder relajarme.

La saco y retirándose permitió que paco se liberará también de mi, cayendo yo hacia un lado del sofá, supurando caldo blanco y caliente por mis dos agujeros, que rebosaban por la cantidad acumulada.

No hablamos nada en unos minutos mientras nos recuperamos, pasando a lavarnos y vestirnos tras aquel polvo apoteósico.

Les prepare algo de merienda, no sin pasar algún apuro andando, pues aun me sentía sin fuerzas y dolorida pero con gusto por aquella tarde de locos.

Hablamos distendidamente un rato, quedando para otro día para retomar la fiesta, aunque les pedí, paciencia pues últimamente me tenían rendida los dos, pues cuando no era el viejo por la mañana, era mi esposo por la tarde y otras veces los dos como aquella, por lo que les rogué en una semana me dejaran recuperar algo el aliento, pues tenia que ir a revisión del ginecólogo e iba a ir con todo irritado y dilatado, y pensaría que me dedicaba a la noche…

Por favor comenten si les gusto nuestra experiencia, para seguir contándoles mas, pues me vuelven loca sus comentarios y son de un gran placer recibirlos, me calientan y me encienden mucho, leyéndolos luego mi esposo y yo, pues muchas veces nos sirven de preámbulo de fiesta.

http://www.trekearth.com/forums/member.php?u=163447
http://www.theverge.com/users/zoraya
http://zoraya.magnoto.com/
http://forums.voki.com/user/profile/111443.page
http://www.blurtit.com/u/2699042
https://publiclab.org/profile/zoraya
http://zorayax.doattend.com/
http://gaspar.doattend.com/
http://viviana.doattend.com/
http://beatrix.doattend.com/
http://pamplinas.doattend.com/
http://www.rdatoolkit.org/user/78263
https://www.anthrocon.org/user/67296/zoraya
http://twinoid.com/user/9241059
https://trac.nbic.nl/metidb/ticket/28675
http://www.dance.net/u/zoraya
http://www.carbonrally.com/users/168342
http://media.digitalarti.com/user/zoraya
https://zoraya.lamula.pe/
http://forum.instaforex.com/index.php?showuser=27785
http://zorayax.podbean.com/